En el último párrafo del artículo de McCloseky, menciona que el ateo en medio del sufrimiento puede confiar en sus amigos y “hombres de buena voluntad.” Claramente, él hace a Dios responsable como la persona que “trae infelicidad” a la vida de las personas. En lo que él sostiene, podemos ver dos elementos desconcertantes. ¿Cómo define a “un hombre de buena voluntad”? ¿Qué es bueno para la mente de los escépticos? ¿En qué principios morales él determina lo que es bueno o malo? Sin Dios, el bien y el mal no son alternativas posibles. Por otra parte, ¿es posible culpar a Dios por algo, si él no existe? ¡Esto es completamente absurdo!
Al igual que William L. Craig, quién razonablemente explica en su artículo El Absurdo de la Vida sin Dios, la vida sin nuestro Creador no tiene sentido, no tiene valor ni propósito. ¿Por qué alguien ayudaría a los demás o trabajaría para grandes causas si al final nada de esto contaría? Para cooperar en la expansión de la idea del Sr. McCloskley, se puede razonablemente concluir que las “virtudes divinas” como la fe, la esperanza o el amor, no pueden existir sin la existencia de Dios. Al apelar a los valores morales, el Sr. McCloskley está haciendo una “profesión de fe” que revela la insuficiencia de un mundo sin Dios. Sin embargo, ¡en la misericordia de Dios hay esperanza! El ex-ateo C.S. Lewis cree que al final habrá sólo dos tipos de personas. Los condenados lograrán su meta, rebelándose hasta el fin. El describe que “ellos disfrutarán para siempre la horrible libertad que ellos han exigido, y por lo tanto su auto-esclavitud; así como los bienaventurados siempre sometiéndose a la obediencia, serán por toda la eternidad cada vez más y más libres.”
por Carmen A. Pellicer

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